Dejar de morderse las uñas es posible con Lagasca

Morderse las uñas (Onicofagia) es un hábito muy común, con el que es difícil convivir. Quienes lo padecen saben lo desagradable que es escuchar una y otra vez reprimendas del tipo ‘no te comas las uñas’, exigencias como ’¡Deja de morderte las uñas de una vez!’ , o juicios del estilo ‘tú te crees que se puede ir con esas manos’ o ‘esas uñas son impresentables’, etc. Mensajes todos ellos poco positivos que merman la autoestima de quienes los sufren y llevándoles a vivir con culpabilidad y vergüenza una realidad que ellos no ha escogido, a vivir con sus manos escondidas ya sea dentro de las mangas del jersey, en los bolsillos, tras unos guantes o simplemente llevando los puños cerrados.

Según Lagasca Centro Terapéutico, profesionales de la psicoterapia, estas personas acaban habiendo probado todo: los han regañado, golpeado las manos, comparado con sus hermanos o amigos, han sido amenazados con castigos, ilusionados con premios, se les ha untado las uñas de un líquido de amargo sabor (que a las pocas horas se convierte en un manjar más que tolerable), se les ha puesto guantes a llevar a todas horas, uñas de porcelana que se han convertido en un entretenimiento más que arrancar con los dientes, esparadrapos, tiritas y más tiritas en todos y cada uno de los dedos, lo han intentado todo pero ningún método tradicional ha funcionado.

Es importante partir de la base de que ninguna persona se muerde las uñas por gusto, nadie desea el dolor de tener los dedos en carne viva, el escozor que produce, pasar vergüenza por tener que pedir ayuda para abrir una lata porque no se dispone de uñas que hagan palanca. Y es que ni siquiera es una acción consciente, en la mayoría de los casos.

Morderse las uñas es un mecanismo desadaptativo de canalizar la tensión emocional, al igual que lo es morder la parte trasera de un bolígrafo, mover compulsívamente una pierna, andar de un lado para otro sin destino mientras se espera el nacimiento de un hijo o la llegada de un ser querido, golpear repetidamente un lapicero o los dedos contra la mesa u otros muchos mecanismos que permiten a las personas soltar tensión.

Se dice que es un mecanismo desadaptativo porque al mismo tiempo que sirve para estimular o descargar tensión supone una agresión al propio cuerpo, generador de malestar, infecciones, problemas dentales, psicológicos y sociales.

Una persona se muerde las uñas cuando el nivel de activación emocional se altera, cuando se siente nerviosa, al conectar con miedo de cualquier tipo, al contener la rabia que le ha producido algún acontecimiento, al refugiarse ante un sentimiento de culpa o vergüenza, al evocar situaciones más o menos traumáticas, simplemente en momentos de mucha emoción o por aburrimiento, como vía de estimulación de nuestro sistema nervioso.

Sabiendo todo esto, ¿es posible dejar de morderse las uñas?

En Lagasca Centro Terapéutico están convencidos de ello: sí se puede. Dejar de morderse las uñas está al alcance de todos, adultos y niños. Destacando que atenderlo desde niños es todavía más importante por si este hábito esconde otra problemática de mayor importancia.

Estos psicoterapeutas proponen el acompañamiento terapéutico como la herramienta más eficaz y perdurable para acabar con este hábito. Trabajar directamente con la causa, con el origen del problema y no sólo con el síntoma, con lo visible. En el proceso psicoterapéutico se aprende a reconocer las propias emociones, aceptarlas, identificar las necesidades que se esconden tras ellas, gestionarlas y expresarlas adecuadamente. Al mismo tiempo que se acaba con este hábito tan dañino, se inicia un proceso más profundo de maduración y crecimiento personal que da sus frutos transformando positivamente todas las facetas de la vida de la persona, un camino dirigido a establecer relaciones saludables en el ámbito familiar, social y sentimental a la vez que se mejora el rendimiento académico y profesional.

Más información en: http://lagasca.es


Fuente original: Comunicae.es.

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